Paseos

Julio 31, 2007

p3310097.jpg

PASEOS

El sol asoma sus primeros rallos sobre la orilla de una playa cualquiera, un lugar tranquilo y apacible que, en pocas horas, transformará ese sosiego en bullicio y algarabía, poco a poco irán reposando sobre su arena las más variopintas y dispares historias. Personas de diferente origen y condición que ansían llegar hasta su orilla y en ella refrescar su cansancio, sus preocupaciones o, simplemente evadirse por unas horas de aquello que les preocupa, salir del entorno rutinario y variar. 

Muchos son los que en ella broncean sus cuerpos, otros amortizan las horas de trabajo y sacrificio en el gimnasio para lucir su figura, muchos aprovechan esas pequeñas vacaciones que suponen los fines de semana, para estar junto a los suyos, pasar un día con los amigos, escuchar buena música, leer algún libro o, simplemente pasear por su orilla. 

Son muchas las historias que vemos ir y venir sobre el batir de sus aguas, personas que en su interior albergan riquezas incalculables, historias que, para cada una de ellas, serán las más importantes y que en cierta manera, dejan su huella dibujada. 

Pasear por la orilla del mar relaja y reconforta, quizás ese suave masaje que sentimos al rozarnos el agua, ese frescor que nos renueva y estimula, ese contraste entre el calor del sol y el frío de sus aguas, sentimientos encontrados que equilibran nuestras sensaciones y que nos proporcionan agrado y sosiego. 

Nos pasamos la mayor parte del tiempo buscando salidas, provocando situaciones que nos agraden y evadan, estimulando nuestra alegría y felicidad, huyendo de la realidad para volver a ella lo más tarde posible, quizás debamos hacer más confortable nuestra realidad, intentar disfrutar de cada momento y no postergar nuestra felicidad para otro instante, para momentos establecidos, vacaciones, fines de semana, etc., etc. 

Algunas veces nos paseamos por la vida sin pena ni gloria, caminamos sin rumbo, desanimados, desilusionados y esperando que lleguen esos momentos de evasión y de huída,  olvidando que no debemos reducir nuestra existencia, debemos por el contrario dilatar el tiempo y para ello, tenemos que disfrutar cada instante. 

Que los paseos por la orilla no se conviertan en excepción, que sean algo añadido a otros momentos de agrado, que nuestra vida sea como la deseemos, o al menos no dejemos de intentarlo, que no quede en el olvido el mayor tiempo de nuestra historia, que nuestro balance sea siempre rico y provechoso, que extendamos esos momentos de agrado a todas y cada una de las orillas de nuestros días, que al caer la tarde disfrutemos del paseo de esa jornada y nos sintamos bien y a gusto. No limitemos nuestra felicidad a unos pocos momentos, hagamos que ella forme parte de nuestra vida.


Momentos

Julio 23, 2007

MOMENTOS   la cena 

En ocasiones disfrutamos de momentos especiales, instantes en los que nuestras sensaciones nos agradan y complacen. 

Sin darnos cuenta vivimos sumergidos en rutinas, hábitos y costumbres que guían nuestra vida. Se convierte en necesario cambiar y quebrar estas costumbres, airear las páginas de nuestra historia y variar el rumbo. 

Debemos aprender a regalarnos este tipo de momentos, dejar que las caricias de la vida se entrelacen con nuestros sentimientos y dejarnos llevar por lo inmediato, disfrutar el instante y olvidarnos del tiempo, las prisas y los horarios. 

Hace muy poco pude disfrutar de una grata velada en torno a una mesa, deparar con personas que, desprendidas de cargos y obligaciones relajaron tensiones, evadieron sus mentes y disfrutaron de la compañía de aquellos con quienes decidieron compartir mesa y mantel. Junto al placer que supone el deleite de una cena excelente, pudimos comprobar, los que allí estuvimos que, todos tenemos riquezas desconocidas que compartidas con otros, enriquecen a quienes con atención las aprecian y valoran. 

 La vida nos depara muchos placeres de diverso índole y naturaleza y, uno de los más interesantes y gratificantes es el poder entablar conversación, intercambiar impresiones y compartir sincera y amigablemente nuestro tiempo.  

Estos momentos nos deben hacer reflexionar y meditar sobre la valía e importancia que tiene el hacer las cosas con la mejor voluntad, con nuestro mejor empeño y sobre todo, proyectar en lo que hagamos nuestros sentimientos y carácter, lo que convertirá el resultado en algo especial y único. 

Está en nuestras manos el administrar nuestro tiempo de la mejor forma, tiempo para trabajar, tiempo para preocuparnos, tiempo para reír, tiempo para divertirnos y, sobre todo, tiempo para nosotros, buscar momentos que nos reconforten y agraden, instantes que nos ayuden a seguir adelante y nos sirvan de impulso.


El Milagro de la vida

Julio 16, 2007

En algunas ocasiones debemos aprender de aquellos que pareciendo más débiles e indefensos, demuestran un coraje digno de admirar e imitar. Apenas del tamaño de un bolígrafo, Amillia nació con 22 semanas, medía 24 centímetros y pesó solamente 280 gramos. Con todos estos impedimentos para lograr sobrevivir, esta niña logró salir adelante, logro vencer el pulso que la propia vida le había retado, su fuerza, su lucha, su empuje y sus ganas de vivir la ayudaron a solventar todas las adversidades, a salvar sus propias barreras y salir, surgir y adentrarse en esta aventura que todos protagonizamos día a día. Casos como este nos demuestran que por muy difícil, por muy complicadas que nos parezcan las cosas, el querer salir adelante, el deseo de superar los problemas, la ilusión por seguir adelante, en la mayoría de las ocasiones, nos ayuda a añadir a nuestros recuerdos momentos que inicialmente parecían insalvables, insuperables y farragosos. Existe algo en nuestro interior, algo que no podemos ni tocar, ni ver, ni medir, algo que sólo podemos sentir y notar, algo mágico, que a cada uno de nosotros nos empuja, nos motiva, no da ánimo y alegría y que convive con nosotros en este camino en el que debemos pasear nuestra historia. Esta fuerza especial y extraña se alimenta y necesita de nuestro sosiego, de nuestra calma, de nuestra tranquilidad, cuestiones todas ellas que dependen de nuestro equilibrio, de nuestra serenidad y de nuestra capacidad para no crisparnos.  Amillia nació sin saber ni tener prejuicios, condicionantes ni experiencias que le sirvieran de referencia, simplemente se dejó llevar por aquello que salía desde su interior, algo que la empujó, que la guió y la salvó, algo que no deberíamos descuidar ni  olvidar, algo que nos guía y protege y a la que llamamos ALMA.


El Sosiego de la noche

Julio 14, 2007

Cae la tarde, las primeras caricias del ocaso van acallando lentamente murmullos, prisas, preocupaciones, rutinas, crispaciones y lamentos, sutil y calladamente se abre paso la noche, esa franja de nuestra vida en la que normalmente dedicamos su tiempo al descanso, a reponernos de tantas emociones y percepciones que, durante el día, vamos agolpando en nuestras retinas, en nuestras espaldas, lastres que muchas veces nos fatigan y desgastan, factores que determinan nuestro ánimo y engría, nuestra forma de terminar cada jornada. Vivimos actualmente pendientes del reloj, de la medida que nos acota y delimita nuestra existencia, somos presas de nuestra propias prisas, de nuestros “agobios”, de preocupaciones que muchas veces inventamos y creemos como reales, somos los verdugos de nuestra propia existencia. No sabemos disponer de la calma y tranquilidad que debiéramos tomar como bandera, no apreciamos muchas de las maravillas que diariamente nos ofrece la vida, no sabemos ver, solo miramos, no somos capaces de ser, sólo nos preocupa el deber ser, el querer ser, el llegar a ser, nos adentramos en proyectos e ilusiones de futuro, deseamos que pasen las semanas para poder disfrutar sólo de dos de cada siete días, de ocho de cada treinta, de noventa y seis de cada trescientos sesenta y cinco y, así, podríamos establecer una divergencia de tal calibre que nos daríamos cuenta de que, somos nosotros los únicos que podemos y debemos cambiar, debemos sacarle partido a cada vida en miniatura que disfrutamos cada amanecer, a ser uno mismo y no dejarlo para otro día, a no dejarnos enredar por la rutina y la monotonía. Todo esto a lo que nos vemos sometidos, todos estos factores se diluyen al llegar la noche, el tiempo tiene otra medida, los minutos se dilatan, el reloj sosiega su ritmo y nos brinda momentos de reflexión y de paz.  La noche nos permite sentir sensaciones que afloran, sentimientos que emanan, todos ellos liberados, huidos de la vorágine y la “locura” a los que los sometemos durante el día. La noche nos deja ver, nos permite observar tranquila y sosegadamente todo aquello que queramos y deseemos. La magia de la noche nos envuelve y embriaga, nos atrapa y seduce como cantos de sirena, la noche tiene una fuerza sensual y dulce que nos reconforta y tranquiliza. La oscuridad y soledad de la noche nos regala momentos de intimidad, momentos para nosotros, instantes profundos y dulces que dejaríamos escapar en nuestros merecidos sueños y descansos, la noche tiene algo inexplicable que se percibe y disfruta, nos hace sentirnos tal y como somos, sin distracciones, sin factores que desvirtúen la realidad, nos hace ver las cosas tal y como son, nos permite analizar y deducir, pensar y darnos cuenta de muchas cuestiones de las que normalmente no nos preocupamos por falta, muchas veces, de encontrar el momento de tranquilidad preciso para ello. Disfrutar de la tranquilidad de la noche es una terapia aconsejable, encontrar un momento para nosotros, cultivar nuestras ideas y afianzar nuestros principios es tan necesario como inhabitual. La magia de encontrar la tranquilidad que la noche nos depara, sin tener que buscar rincón especial ni salir de huida hacia otros lugares, la noche nos regala esa magia al caer el sol, cada jornada, siempre que queramos disponer de ella, fuente inagotable, remanso perenne, cobijo confortable en el que poder acomodar mullidamente nuestras ilusiones, nuestros sueños, nuestras esperanzas, impulsora de ideas, de pensamiento, inspiradora de artistas, amiga de tantos y tantos que inmersos en desvelos estrechan su mano y caminan junto a ella, la noche es una amiga olvidada, un tesoro enterrado en nuestras vidas, un diamante por pulir, fuente de riqueza y misterio, enigmática y gentil, aspectos todos ellos que podemos percibir si aprendemos a verla como tal, si la miramos desde el prisma correcto, si le tendemos la mano, si le brindamos nuestra mejor mirada. La noche tiene ese encanto tan especial y único, pero lo más grande de la noche es que nos brinda, en su hasta luego, una oportunidad maravillosa y única, el poder hacer lo que queramos de nuestras vidas cada mañana, cada relevo que el amanecer toma de ella, coger su testigo y ser merecedores de este regalo, de esta oportunidad que se nos brinda cada mañana y que llamamos vida. 

Tenemos que ser capaces de orillar problemas, amortiguar preocupaciones y calibrar la realidad, no podemos permitir eclipsar nuestra historia con capítulos de torcidos renglones, de borrones que nos afeen el dictado de nuestro corazón, seamos valientes y capaces, tengamos coraje de ser auténticos y defender aquello en lo que creemos, luchar por conseguir ser felices cada día, sentirnos satisfechos y orgullosos de haber dado siempre lo mejor, de que el balance sea siempre positivo y sabernos dueños de nuestro propio destino.


Hello world!

Julio 14, 2007

Welcome to WordPress.com. This is your first post. Edit or delete it and start blogging!