¡Bravo!

Septiembre 6, 2007

Bravo

La pasada madrugada nos hemos vistos privados de la compañía de uno de los más grandes apasionados de la vida, un entusiasta de lo sublime, de lo bello, con su prodigiosa voz supo deshojar la vida, acariciar el aire, susurrarnos amor, vibrar de rabia, alzar la voz imperativa, darle a cada nota que salía de sus pulmones un baño de energía y vitalidad que supo transmitir, que quiso compartir con todos nosotros. Un hombre entregado a todo aquello en lo que creía, un alma encerrada en un cuerpo que, como él, grandioso y brillante, avisaba de la presencia de un ser sensible y cariñoso. 

Dejarse llevar por la magia de la música, por la caricia de una voz, por la dulzura del alma de quien interpreta desde lo más profundo de su interior un personaje, de quien expresa un sentimiento y con su gesto, su mirada, con su corazón entregado a quien lo escucha, es una experiencia grandiosa, un momento sublime en el que nos sentimos aire, nos sentimos liberados de nuestro cuerpo y nos evadimos, nos sentimos especiales y dichosos, todo ello gracias a la entrega, cariño y don que algunas personas, como Luciano Pavarotti, saben transmitir. 

Me he sentido en la obligación de agradecerle a Don Luciano Pavarotti esos momentos tan inolvidables, felicitarle por haber sido tan generoso, por habernos hecho sentir tan especial y, sobre todo, agradecerle el cariño, pasión y dulzura que proyectó en todo aquello que interpretó. 

Lo importante no es lo que seas, quien seas, lo que hagas, lo realmente primordial es apasionarse por la vida, disfrutarla y hacernos merecedores de ella.

                          ¡Bravo Luciano!


Ilusiones

Septiembre 5, 2007

Compañeros

Todos y cada uno de nosotros necesitamos de las pequeñas, medianas o grandes ilusiones, sueños y anhelos que nos impulsan, revulsivos a los que afianzarnos, puntos de apoyo que se tornan necesarios y convenientes.

Sentimos como la magia de esa ilusión nos contagia, nos motiva y nos catapulta. Esa magia es capaz de cambiar nuestro estado de ánimo, nuestro parecer, de hacernos ver cuestiones que, sepultadas por el desánimo y la pesadumbre, enterramos y sepultamos en nuestro olvido.

Proyectar un viaje, aprovechar las vacaciones para leer aquel libro que un día arrimamos, hacer aquellos arreglos en casa que se nos hacían tan pesados y a los que nunca estuvimos dispuestos a canjear por algún fin de semana, salir a cenar, disfrutar de las deseadas vacaciones, tantas y tantas ilusiones que cada uno podemos tener, recargas de nuestra energía que vamos empeñando en nuestro camino, desgastes que debemos reparar.  

La magia de los sueños, de las ilusiones que al fin podemos convertir en realidad nos sirven para crear nuevos sueños e ilusiones, para impulsarnos hasta el siguiente, para mitigar el cansancio, la fatiga que cada día intenta hacernos su presa y huir, evadirnos y olvidar.

Los sueños e ilusiones no tienen por que ser grandiosos ni espectaculares, simplemente serán lo importantes que queramos hacerlos nosotros y, en gran medida, dependerán de la alegría, el interés y las ganas que tengamos en convertirlos en realidad, en incorporarlos a nuestros logros, a nuestras victorias y transformarlos en fuente de inspiración.

El tiempo es el soporte en donde nuestros sueños se sustentan, lo único que debemos hacer es aprovecharlo, estirarlo y mimarlo, si lo sabemos cuidar y arrullar, este nos sorprenderá con el dilatar de su medida, cuando aprendemos a ser compañero de viaje, descubriremos nuevas dimensiones, huecos escondidos que surgen y aparecen, rincones que no apreciamos cuando pasamos rápida y velozmente sobre los minutos de nuestro reloj, cuando lo importante no es el tiempo sino lo que hacemos con el, cuando convertimos los minutos en lanzadera, en herramienta de trabajo y no en compañero y amigo.

Quizás la magia de la ilusión, de los sueños radique en nosotros, en nuestra capacidad de creación, en nuestras ganas de motivación, en la fuerza que le demos a nuestra vida, en la energía con la que caminemos y en la alegría con la que afrontemos nuestros problemas, nuestras preocupaciones y nuestras responsabilidades, pues son ellas las que nos hacen crear estas ilusiones, estas vías de escape y evasión.