Con las cartas boca arriba

Octubre 29, 2008

 

Queramos o no, al ver los primeros rayos de luz, al sentir el primer aliento del aire que nos saluda y nos ofrece su bienvenida, entramos a formar parte de una gran partida, un juego en el que el azar juega un importante papel, pero en el que debemos marcar nuestro propio estilo de juego.

 

En el seno de nuestras familias vamos apreciando como quienes decidieron darnos la vida, manejan la baraja de la forma más adecuada, mezclan los palos que la conforman y reparten juego.

 

Nos vamos dando cuenta de cual deberá ser nuestro propio estilo, aquel que pudimos ver día a día, aquel que la propia vida, por diversos factores, nos mostró como conveniente, o simplemente intentamos adoptar aquel que nos beneficie en cada momento.

 

Guardarse un as en la manga, jugar con las cartas marcadas o, simplemente jugar con las cartas boca arriba, serán algunas de las alternativas con las que podremos participar en esta gran partida.

 

Quienes deciden jugar de forma ilícita, aquellos que conforman su suerte al triunfo rápido y fácil, aquellos que prefieren ganar alguna mano utilizando estrategias sombrías y lúgubres, crean un estilo cuyo beneficio les reporta, a corto plazo, un atractivo que les engancha y atrapa, unas artes cuya permeabilidad les aísla y señala.

 

Jugar de forma limpia y honesta supone luchar contra estas argucias y  maniobras, poner las cartas boca arriba supone descubrir tu juego, darte a conocer y enseñar tus triunfos.

 

Existen también quienes sin saber jugar, resignan su suerte al azar, al destino, a un golpe de suerte que les proporcionará una gloria esporádica, un triunfo fugaz y fortuito.

 

Jugar esta larga y prolongada partida requiere perseverancia, constancia y honestidad, factores arrolladores que perviven a toda adversidad o contratiempo con los que podamos encontrarnos.

La satisfacción de jugar con las cartas boca arriba no tiene parangón con triunfo alguno, la suerte, el azar, las trampas, inclinarán finalmente su tez ante la evidencia contrastada de la verdad, la honestidad y la fuerza de quienes decidan jugar limpio.

 

Nuestra mejor baza en cualquier partida será dar a conocer nuestro estilo de juego. Aquellos que decidan repartir su baraja, sabrán de ante mano, con quién comparten mesa de juego, a quiénes entregan sus cartas y el provecho que de cada mano podrán obtener. Jugar a ganador exige una firmeza y confianza que, difícilmente, podrá obtener quien base su juego en la trampa y el engaño.

 


Futuro

Octubre 23, 2008

Existen momentos en nuestra vida en los que nos encontramos frente a frente con nuestro destino, instantes en los que tenemos en nuestras manos la posibilidad de dar un golpe de timón y poner rumbo al norte que siempre hemos ansiado. Son estos momentos los que marcan nuestra historia, los que crean la frontera entre el antes y el después, los que nos hacen respirar profundamente y disfrutar de su brisa fresca y renovada.

 

En estos pasajes de nuestra vida nos encontramos con nuestro verdadero yo, con aquel que llevamos dentro y que nos mueve cada día. La soledad de estos instantes nos permite vernos tal y como somos, nos lleva a la reflexión y a pisar con firmeza en nuestro camino.

 

Estos momentos, estas vivencias nos hacen percibir sentimientos encontrados, por un lado la ilusión que nos embarga al emprender una nueva e intensa aventura, un motivo de alegría que nos envuelve y nos anima a seguir con fuerza y vitalidad labrando un camino imprevisible, fundiendo con el calor de nuestro corazón, dudas e incertidumbres que intentarán frenar la inercia de aquel impulso que nos animó a seguir nuestro palpito inicial. Por otro lado, los temores que nos afloran al pensar en un posible fracaso, el miedo al equívoco, el creer que perderemos nuestra firmeza y con ello hacer tambalear todo aquello hasta ahora hemos conseguido, ideas tormentosas que alborotan nuestra serenidad.

 

Nadie dijo nunca que vivir de forma coherente fuera sencillo, que apostarlo todo siempre que emprendamos alguna aventura sea gratuito, ni que no fueran estas contradicciones las que nos denotaran la importancia de estas decisiones. Tal vez, lo más sencillo, sea mantenerse siempre al margen, evitar problemas y dejarse llevar por el capricho de la inercia.

 

Vivir requiere coraje, valentía, riesgo y sobre todo firmeza en aquello en lo que creamos firmemente, defendiendo con nuestro esfuerzo todo aquello que nos sustenta y mantiene despierto, aquello que nos mueve y motiva, aquello que no podemos ver ni tocar, nuestra alma, una fuerza invisible que desde nuestro interior nos reconforta y alivia cuando sintonizamos voluntad, sentimiento y razón.

 

Tal vez lo más atrayente de esta vida sea el desconocimiento de nuestro propio destino, el tener en nuestras propias manos la facilidad de ir creando capítulos de nuestra historia, renglones que comenzamos cada amanecer y cuyo cariz dependerá del equilibrio, firmeza, claridad y ternura con las que decidamos plasmarlos.

 

El futuro, como alguien dijo alguna vez, un lugar donde pasaremos el resto de nuestra vida, se convierte en nuestro mejor aliado, en nuestro compañero infatigable y en nuestra mejor oportunidad.

 


Lágrimas de vino

Octubre 11, 2008

 

 

 La vida al igual que un buen vino, requiere de un cuidado y de un mimo muy especial, dos factores muy importantes y fundamentales para obtener un buen resultado.

 

Servimos en una copa imaginaria el vino de nuestra vida, mecemos con dulzura su contenido y apreciamos como, con suavidad la copa nos regala un guiño de alegría, por sus paredes descienden lentamente lágrimas de un vino cuyo cuerpo y consistencia nos agrada y reconforta.

 

Al percibir su aroma rememoramos momentos de nuestra historia, instantes inolvidables que le dieron carácter y consistencia a nuestro caldo.

 

Estos pasos previos, servir con dulzura, mecer suavemente, percibir su aroma, dan paso a un instante único y grandioso, saborear la esencia de todo aquello que ha hecho posible la caricia que, en nuestro paladar, nos transmite sensaciones que nos trasladan a otra dimensión, a un mundo de insinuación que nos relaja y agrada.

 

La magia del vino, la magia de la vida, radica en la pasión, el entusiasmo, la ilusión y la alegría con la que hayamos fermentado nuestros sueños, pues son estos últimos los que nos hacen progresar, avanzar y  mejorar.

 

Al brindar nuestra copa con otras semejantes, se genera un sonido muy especial que enriquece este momento, un sonido que culmina con el sentir del propio brindis, compartir sinceramente un buen rato, instantes que guardamos en nuestra memoria bajo el corcho de la amistad.

 

La historia que encierre cada una de nuestras botellas hará especial su contenido, dulces, amargos, vigorosos, suaves, sensuales o agrios, tornaran nuestro sentir en agradables expresiones o en inesperados regaños que reflejarán su evidencia en aquellas lágrimas de vino.