Muchas son las ocasiones en las que nos quedamos simplemente con la primera impresión de algo que vemos, nos atrae o nos repele el aspecto externo de las cosas, e incluso de las personas que por su aspecto no “concuerdan” con nuestros gustos o preferencias.
Resulta muy grato el comprobar que bajo la piel, bajo la superficie de lo inmediato a nuestra vista, se esconden “tesoros” ocultos, riquezas desconocidas que sólo aquellos que profundizan su mirada podrán descubrir.
Nos movemos en una sociedad competitiva, donde lo superficial impera frente a lo auténtico, una sociedad empujada por las prisas en la que resulta complicado generar un paréntesis, un rato en el que poder saborear los minutos, disfrutar de ese hueco en nuestras vidas y encontrar cobijo a nuestras preocupaciones cotidianas.
En esta espiral de rutina debemos esforzarnos por parar en seco, frenar nuestro ritmo y permitirnos un modesto homenaje de paz y sosiego, leer un libro, escuchar algo de música, prepararte algún plato apetecible, escribir alguna reflexión, o simplemente sentarnos a descansar y sentirnos en paz.
Bajo la piel, esa capa que nos separa de lo importante, de lo realmente trascendente se esconde, involuntariamente o no, manjares exquisitos, personas maravillosas y experiencias inolvidables que nos harán valorar la importancia de no quedarnos en la superficie.
Cultivar nuestro interior, serenar nuestro espíritu y ordenar nuestras ideas enriquecerá, sin duda alguna, aquello que bajo nuestra piel nos hace únicos y diferentes.


¡Qué bueno es encontrarse en la vida con personas que, como tú, se afanan en descubrir los tesoros que, a menudo, la cotidianidad nos impide apreciar! Hoy, tu texto ha sido “mi paréntesis”. Gracias, compañero. Un abrazo.