Mirar y observar, verbos inicialmente similares al igual que ocurre con oír y escuchar, pero cuya diferencia radica en el grado de atención que pongamos a la hora de conjugarlos. Los detalles, esas porciones minúsculas de tiempo o espacio, fluyen continuamente a nuestro alrededor, nos avisan de su existencia, aunque en muchas ocasiones, por diferentes factores, nuestra distracción los ensombrece y oculta.
Llevo algunos días observando y escuchando, de forma especial, esos detalles con los que todos convivimos, señales de la naturaleza, guiños de vida y energía que nos muestran la grandeza de lo que existe y es, aunque no siempre perceptibles a simple vista.
Darnos un brindis de satisfacción y disfrutar de estos “regalos mágicos” se convierte en un pequeño placer que merecemos cada uno de nosotros, ya que existen para eso, para ser disfrutados. En la imagen con la que acompaño este post, pude captar con mi modesta cámara, un instante cuya belleza cautivó mi atención. Observé con deleite que se conjugaban luz, texturas, colorido y una energía especial que produjo en mí una sensación difícil de explicar con palabras, pero que imagino que podría describir como una SENSACIÓN. Mis sentidos quedaron atrapados en aquel instante de belleza que causó en mi interior una paz y una armonía instantáneas pero muy gratificantes.
Os invito a disfrutar de estos detalles, de los que todos y cada uno sepamos observar y escuchar. Lo recomiendo como un ejercicio de relajación, de evasión y de equilibrio. Todos nosotros desplegaremos nuestros sentidos condicionados por nuestros gustos y aficiones, pero precisamente serán estos los mejores “buscadores” de estos detalles.

