Tinieblas

Noviembre 15, 2008

tiniebla

En cualquier ámbito de la vida nos encontraremos con personas a las que les gusta moverse en la claridad, a la luz del sol, personas que no tienen nada que esconder, seres humanos cuyas intenciones limpias y diáfanas asombran a quienes, no acostumbrados a esta forma de actuar, a este estilo de vida, se ven deslumbradas y encandiladas por esta luminosa claridad.

 

Por el contrario, existe otro tipo de personas a las que les gusta moverse entre tinieblas, seres huidizos de esa claridad, de la luz que les pueda delatar y evidenciar unas prácticas poco éticas. Seres que buscan la manera de dirigir la realidad a su propia conveniencia, personajes cuyo principal argumento es la mentira y el descrédito, la manipulación y el engaño.

 

Dos formas de vivir, dos maneras completamente opuestas de actuar y de entender la vida, caminos divergentes cuyas trayectorias se alejan y distancian.

 

Cada uno de nosotros decidimos el camino por el que deseamos avanzar, el rumbo que queremos marcar en nuestra brújula y dirigir nuestra proa.

 

Elegir la luz, con su alegría, con su calor y sobre todo con la satisfacción que supone el ser honesto y sincero, nos aportará un bienestar al que muchas veces llegaremos tras mucho trabajo y sacrificio, un umbral cuya cima nos proporcionará unas vistas panorámicas y nos ayudará a fijarnos nuevos horizontes.

 

A la sombra de este umbral, entre las tinieblas de quien decide caminar por laberintos lúgubres y farragosos, existen seres cuyos propósitos se ven condicionados por intereses disfrazados de mentira y embuste, caminos arduos y cansinos que no conducen a ninguna salida, espirales que confunden y enredan a quienes, libre y conscientemente, deciden emprender camino por estos barrizales.

 

Cuando por casualidad estos caminos se cruzan, se evidencian sus virtudes y sus carencias, se acentúan los beneficios de unos y los perjuicios de otros, pues la luz tiene la misión de alumbrar y mostrar, de aclarar y evidenciar la realidad, y su intensidad acentuará el contraste evidente entre las dos caras de la realidad, la verdad y la mentira, la luz y la sombra, la alegría y la tristeza, la razón y la sinrazón.

 

La conciencia se convierte en nuestro mejor aliado o nuestro peor enemigo, pues antes o después, la balanza inclina su equilibrio hacia el lado más contundente y pesado y, su propia inercia, alza la evidencia de quienes decidieron vivir entre tinieblas.


Con las cartas boca arriba

Octubre 29, 2008

 

Queramos o no, al ver los primeros rayos de luz, al sentir el primer aliento del aire que nos saluda y nos ofrece su bienvenida, entramos a formar parte de una gran partida, un juego en el que el azar juega un importante papel, pero en el que debemos marcar nuestro propio estilo de juego.

 

En el seno de nuestras familias vamos apreciando como quienes decidieron darnos la vida, manejan la baraja de la forma más adecuada, mezclan los palos que la conforman y reparten juego.

 

Nos vamos dando cuenta de cual deberá ser nuestro propio estilo, aquel que pudimos ver día a día, aquel que la propia vida, por diversos factores, nos mostró como conveniente, o simplemente intentamos adoptar aquel que nos beneficie en cada momento.

 

Guardarse un as en la manga, jugar con las cartas marcadas o, simplemente jugar con las cartas boca arriba, serán algunas de las alternativas con las que podremos participar en esta gran partida.

 

Quienes deciden jugar de forma ilícita, aquellos que conforman su suerte al triunfo rápido y fácil, aquellos que prefieren ganar alguna mano utilizando estrategias sombrías y lúgubres, crean un estilo cuyo beneficio les reporta, a corto plazo, un atractivo que les engancha y atrapa, unas artes cuya permeabilidad les aísla y señala.

 

Jugar de forma limpia y honesta supone luchar contra estas argucias y  maniobras, poner las cartas boca arriba supone descubrir tu juego, darte a conocer y enseñar tus triunfos.

 

Existen también quienes sin saber jugar, resignan su suerte al azar, al destino, a un golpe de suerte que les proporcionará una gloria esporádica, un triunfo fugaz y fortuito.

 

Jugar esta larga y prolongada partida requiere perseverancia, constancia y honestidad, factores arrolladores que perviven a toda adversidad o contratiempo con los que podamos encontrarnos.

La satisfacción de jugar con las cartas boca arriba no tiene parangón con triunfo alguno, la suerte, el azar, las trampas, inclinarán finalmente su tez ante la evidencia contrastada de la verdad, la honestidad y la fuerza de quienes decidan jugar limpio.

 

Nuestra mejor baza en cualquier partida será dar a conocer nuestro estilo de juego. Aquellos que decidan repartir su baraja, sabrán de ante mano, con quién comparten mesa de juego, a quiénes entregan sus cartas y el provecho que de cada mano podrán obtener. Jugar a ganador exige una firmeza y confianza que, difícilmente, podrá obtener quien base su juego en la trampa y el engaño.

 


Lágrimas de vino

Octubre 11, 2008

 

 

 La vida al igual que un buen vino, requiere de un cuidado y de un mimo muy especial, dos factores muy importantes y fundamentales para obtener un buen resultado.

 

Servimos en una copa imaginaria el vino de nuestra vida, mecemos con dulzura su contenido y apreciamos como, con suavidad la copa nos regala un guiño de alegría, por sus paredes descienden lentamente lágrimas de un vino cuyo cuerpo y consistencia nos agrada y reconforta.

 

Al percibir su aroma rememoramos momentos de nuestra historia, instantes inolvidables que le dieron carácter y consistencia a nuestro caldo.

 

Estos pasos previos, servir con dulzura, mecer suavemente, percibir su aroma, dan paso a un instante único y grandioso, saborear la esencia de todo aquello que ha hecho posible la caricia que, en nuestro paladar, nos transmite sensaciones que nos trasladan a otra dimensión, a un mundo de insinuación que nos relaja y agrada.

 

La magia del vino, la magia de la vida, radica en la pasión, el entusiasmo, la ilusión y la alegría con la que hayamos fermentado nuestros sueños, pues son estos últimos los que nos hacen progresar, avanzar y  mejorar.

 

Al brindar nuestra copa con otras semejantes, se genera un sonido muy especial que enriquece este momento, un sonido que culmina con el sentir del propio brindis, compartir sinceramente un buen rato, instantes que guardamos en nuestra memoria bajo el corcho de la amistad.

 

La historia que encierre cada una de nuestras botellas hará especial su contenido, dulces, amargos, vigorosos, suaves, sensuales o agrios, tornaran nuestro sentir en agradables expresiones o en inesperados regaños que reflejarán su evidencia en aquellas lágrimas de vino.


Hello world!

Julio 14, 2007

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