Navidad

Diciembre 30, 2007

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La Navidad, para muchos tiempo de melancolía, de recuerdos, para otros tiempo de ilusión, de alegría, de reencuentro, de tradición, pero tanto para unos como para otros una época del año diferente, única y especial.  

Quizás la magia de la Navidad radica en que dejamos volar la imaginación, construimos entre todos y durante unos días una realidad diferente, más afable, más humana, dejamos que afloren sentimientos olvidados, sensaciones reservadas sólo para esta época, nos volvemos más amables y pacientes, abrimos un paréntesis en nuestro ritmo trepidante y veloz y ralentizamos el tiempo.

  

Disponemos de tiempo para conversar, para observar la huella que el tiempo nos va dejando Navidad tras Navidad,  para disfrutar de la compañía de nuestros seres más queridos y añoramos épocas pasadas.

  Por otra parte, somos presa de las carreras por encontrar un no se el qué, un algo que nos sirva para justificar un hecho que hemos convertido en obligación. Regalar se ha transformado en cambiar un dinero por algo al que acompañamos con una excusa que llamamos ticket regalo, algo que desluce su principal razón de ser, ilusionar, agradar y satisfacer a quien vamos a regalar.  Muchas veces nos preocupamos de encontrar y no de buscar, de acabar y no de pensar, no nos damos cuenta que lo importante es la ilusión y el cariño con el que hacemos las cosas, no en lo lucido y caro que pueden llagar a ser estos presentes.  ¿Tendremos la habilidad de olvidarnos de lo importante y darle importancia a lo trivial?¿Habremos invertido la realidad acomodándola a nuestra conveniencia?  Quizás deberíamos recuperar la ilusión y la alegría de quienes ansiosamente esperan con nerviosismo la noche más mágica, la noche más larga, la noche de Reyes. Contagiados por estas sensaciones vemos como la sencillez, la simpleza y la claridad de los niños nos hacen ver la realidad, aquella que complicamos y enredamos con nuestras actitudes y egoísmos.  Tal vez la Navidad sea un buen momento para enmendarnos, para corregir nuestro rumbo, para orientar nuestros esfuerzos y dilatar su influencia durante más tiempo, sin que veamos encasillado su espíritu a unos pocos días del año.


Sosiego

Noviembre 27, 2007

 

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En más ocasiones de las debidas, al mirar a nuestro alrededor, nos reconocemos presa de nuestras preocupaciones, de nuestro afán por estrangular el tiempo, por acelerar un ritmo cuya medida creemos dominar, sin caer en la cuenta de que el tiempo transcurre de manera tranquila y sosegada, serena y pausadamente, somos nosotros los que con nuestra actitud precipitamos dicha pauta, desperdiciando instantes irrecuperables de nuestra propia vida, momentos que no volverán, caricias de tiempo que tropiezan en nuestra propia coraza.

 Normalmente el causante de esta distorsión suele ser el trabajo, el querer embutir en cada minuto el máximo de tareas posibles, el procurar cumplir con el máximo de objetivos en el mínimo tiempo posibles, sin ser conscientes de que con ello estamos cayendo en nuestra propia trampa, esa trampa tan cotidiana como peligrosa a la que denominamos estrés. 

Lo más preocupante de todo esto es que, por estas circunstancias, llegamos a mutar nuestra realidad y nos disfrazamos de alguien extraño, de un ser “poseído”, de alguien desconocido y ajeno a nuestra normalidad, afectando a quienes tenemos a nuestro alrededor, generando en ellos unas situaciones desencadenadas por nuestra propia torpeza, por nuestra inercia y que debemos detener cuanto antes. 

No deberíamos de olvidar que el tiempo es el tesoro más valioso del que disponemos, una fuente de riqueza inagotable, amigo de sus amigos y compañero fiel de quienes lo aprecian y valoran en su justa medida, pero para bien o para mal, esta riqueza se agotará, perecerá y no podremos volver a disfrutar de ella, por ello debemos aprender a disfrutar cada uno de sus rincones, de cada bocanada de su aliento, de cada caricia que ese tiempo nos desee regalar, sin perderlo ni derrocharlo, sabiendo evitar esas circunstancias que a todos nos afectan e incomodan. 

Que claro se ve todo cuando nos despojamos de corazas y escudos que nos desvirtúan la realidad, cuando queremos ver, cuando afrontamos los problemas de cara, de forma valiente y serena, pues es esa serenidad, esa tranquilidad nuestra mejor arma contra todo aquello que acecha y nos pretende emboscar. 

He querido buscar un hueco en mi tiempo libre, un huequito tranquilo y sosegado en el que poder exteriorizar mis preocupaciones, un momento de paz para serenarme y reflexionar, un instante en la madrugada, cuando todo calla, cuando el tiempo parece más extenso y nos encontramos con nuestros pensamientos más sinceros y personales, cuando nos acompaña la magia de la noche, escuchando buena música y queriendo ser cada día un poco mejor que el anterior, intentando corregir errores, intentando enmendar situaciones reprochables y, sobre todo, sintiéndome en paz con migo para poder compartir esta tranquilidad con aquellos a los que quiero y aprecio. 

A veces es necesario pararnos, pensar, reflexionar y reaccionar, corregir el rumbo y reemprender el camino, con nuevas ilusiones, habiendo sido capaz de reencontrarte a ti mismo y valorar de forma justa la realidad. 

Ya va siendo hora de irse a dormir, mañana comenzará un nuevo día, una nueva oportunidad de demostrar que seremos merecedores de nuestro más preciado tesoro.


Equilibro

Octubre 13, 2007

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 Vivimos ajenos al ritmo de la naturaleza, nos empeñamos en crear nuestra propia medida del tiempo e ignoramos que somos piezas de un gran puzzle, formamos parte de algo que mantiene su tempo y que sigue un curso del que nos mantenemos al margen. 

 Muchas veces, al observar la naturaleza, al disfrutar de un paisaje, al sentir su sosiego y equilibrio, nos damos cuenta de que por mucho que nos empeñemos en cambiar las cosas, en intentar adaptar nuestro entorno a nuestras necesidades, existe ago que lo engloba todo, que abarca todo aquello que existe, algo que ha existido, existe y que seguirá existiendo, aún cuando muchos de nosotros formemos parte de los recuerdos de aquellos que seguirán disfrutando de su grandeza, de sus riquezas, de todo lo que la naturaleza nos regala cada día y, que normalmente, no apreciamos ni disfrutamos. 

Formamos parte de una gran historia, una historia que comenzó hace millones de años, una historia escrita con una cantidad incalculable de capítulos, una historia de la que su devenir dependerá de todas y cada una de nuestras vivencias individuales, un cúmulo de energías y sinergias cuyo equilibrio final hace que la historia continúe cada mañana. 

Nos damos cuenta de nuestra insignificante y, al mismo tiempo, imprescindible aportación, de que cada gesto, cada sentimiento, cada vivencia se entrelaza con las demás, alegrías, penas, venturas y desventuras se funden para equilibrar una balanza en la que apoyarnos, un equilibrio que nos permitirá seguir creando, seguir contribuyendo al impulso de esta historia que, entre todos, enriquecemos e impulsamos y a la que hemos titulado “VIDA”. 


¡Bravo!

Septiembre 6, 2007

Bravo

La pasada madrugada nos hemos vistos privados de la compañía de uno de los más grandes apasionados de la vida, un entusiasta de lo sublime, de lo bello, con su prodigiosa voz supo deshojar la vida, acariciar el aire, susurrarnos amor, vibrar de rabia, alzar la voz imperativa, darle a cada nota que salía de sus pulmones un baño de energía y vitalidad que supo transmitir, que quiso compartir con todos nosotros. Un hombre entregado a todo aquello en lo que creía, un alma encerrada en un cuerpo que, como él, grandioso y brillante, avisaba de la presencia de un ser sensible y cariñoso. 

Dejarse llevar por la magia de la música, por la caricia de una voz, por la dulzura del alma de quien interpreta desde lo más profundo de su interior un personaje, de quien expresa un sentimiento y con su gesto, su mirada, con su corazón entregado a quien lo escucha, es una experiencia grandiosa, un momento sublime en el que nos sentimos aire, nos sentimos liberados de nuestro cuerpo y nos evadimos, nos sentimos especiales y dichosos, todo ello gracias a la entrega, cariño y don que algunas personas, como Luciano Pavarotti, saben transmitir. 

Me he sentido en la obligación de agradecerle a Don Luciano Pavarotti esos momentos tan inolvidables, felicitarle por haber sido tan generoso, por habernos hecho sentir tan especial y, sobre todo, agradecerle el cariño, pasión y dulzura que proyectó en todo aquello que interpretó. 

Lo importante no es lo que seas, quien seas, lo que hagas, lo realmente primordial es apasionarse por la vida, disfrutarla y hacernos merecedores de ella.

                          ¡Bravo Luciano!


Ilusiones

Septiembre 5, 2007

Compañeros

Todos y cada uno de nosotros necesitamos de las pequeñas, medianas o grandes ilusiones, sueños y anhelos que nos impulsan, revulsivos a los que afianzarnos, puntos de apoyo que se tornan necesarios y convenientes.

Sentimos como la magia de esa ilusión nos contagia, nos motiva y nos catapulta. Esa magia es capaz de cambiar nuestro estado de ánimo, nuestro parecer, de hacernos ver cuestiones que, sepultadas por el desánimo y la pesadumbre, enterramos y sepultamos en nuestro olvido.

Proyectar un viaje, aprovechar las vacaciones para leer aquel libro que un día arrimamos, hacer aquellos arreglos en casa que se nos hacían tan pesados y a los que nunca estuvimos dispuestos a canjear por algún fin de semana, salir a cenar, disfrutar de las deseadas vacaciones, tantas y tantas ilusiones que cada uno podemos tener, recargas de nuestra energía que vamos empeñando en nuestro camino, desgastes que debemos reparar.  

La magia de los sueños, de las ilusiones que al fin podemos convertir en realidad nos sirven para crear nuevos sueños e ilusiones, para impulsarnos hasta el siguiente, para mitigar el cansancio, la fatiga que cada día intenta hacernos su presa y huir, evadirnos y olvidar.

Los sueños e ilusiones no tienen por que ser grandiosos ni espectaculares, simplemente serán lo importantes que queramos hacerlos nosotros y, en gran medida, dependerán de la alegría, el interés y las ganas que tengamos en convertirlos en realidad, en incorporarlos a nuestros logros, a nuestras victorias y transformarlos en fuente de inspiración.

El tiempo es el soporte en donde nuestros sueños se sustentan, lo único que debemos hacer es aprovecharlo, estirarlo y mimarlo, si lo sabemos cuidar y arrullar, este nos sorprenderá con el dilatar de su medida, cuando aprendemos a ser compañero de viaje, descubriremos nuevas dimensiones, huecos escondidos que surgen y aparecen, rincones que no apreciamos cuando pasamos rápida y velozmente sobre los minutos de nuestro reloj, cuando lo importante no es el tiempo sino lo que hacemos con el, cuando convertimos los minutos en lanzadera, en herramienta de trabajo y no en compañero y amigo.

Quizás la magia de la ilusión, de los sueños radique en nosotros, en nuestra capacidad de creación, en nuestras ganas de motivación, en la fuerza que le demos a nuestra vida, en la energía con la que caminemos y en la alegría con la que afrontemos nuestros problemas, nuestras preocupaciones y nuestras responsabilidades, pues son ellas las que nos hacen crear estas ilusiones, estas vías de escape y evasión.


Acuñando nuestra huella

Agosto 8, 2007

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Existe una fecha señalada en el calendario en la que acuñamos la huella del tiempo en nuestra historia, recordamos de forma especial nuestro trayecto, cada uno de los pasos que hemos avanzado. 

Como si de una película se tratara, proyectamos en nuestra memoria aquellos fotogramas más entrañables, aquellos momentos que hemos grabado en nuestro corazón y que arropamos con  cariño en nuestro interior. 

Inevitablemente colocamos en la balanza nuestros logros, nuestros equívocos, decisiones y acciones que han marcado nuestro rumbo, factores todos ellos, que nos han permitido estar donde estamos, ser como somos y vivir de la forma que lo hacemos.  

La vida es una aventura de la que conocemos su comienzo, su punto de partida, pero de la que ignoramos su desenlace, su evolución y su final, quizás radique en ello su belleza, su interés y su grandeza. Cada día se convierte en un nuevo reto, en una pequeña hazaña que debemos aventurarnos a resolver, una nueva oportunidad de sumar, de añadir a nuestros recuerdos, un nuevo paso que antecederá a otro posterior, paso a paso, poco a poco recorremos un camino cada día más sereno y tranquilo. 

La caminata nos serena y calma, miramos las cosas de otra manera, damos paso a la reflexión y al pensamiento y valoramos la vida de manera sosegada. Apagamos la lumbre de unas velas que darán paso a más calor, más vida, más vivencias, damos un paso hacia el siguiente desconociendo su forma ni cariz, nos adentramos en una nueva aventura que resolveremos de la mejor manera, acumulamos en nuestro bagaje nuevas vivencias, nuevos errores y aciertos. 

Acuñamos en este día tan señalado un “feliz cumpleaños”, una frase que hemos consensuado para desear lo mejor, una frase que sin sentimiento carece de valor, una expresión que recoge el cariño, afecto y respeto de quienes la sienten y hacen suya, una ristra de caracteres que carecen de significado si en ellos no ponemos nuestro sentir. 

La vida pasa muy deprisa, cada vez debemos hinchar más nuestros pulmones para apagar la lumbre de tantas velas, pero esto significará que seguimos adelante, que proseguimos nuestro camino y el de tantos que nos rodean, que dispondremos de la oportunidad que se nos brinda cada mañana y de la que debemos hacernos merecedores, no debemos lamentarnos del largo camino recorrido, de la cantidad de años que vamos sumando, tenemos que ilusionarnos por todo el que nos queda por disfrutar y felicitarnos por haber obtenido un balance positivo.


Paseos

Julio 31, 2007

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PASEOS

El sol asoma sus primeros rallos sobre la orilla de una playa cualquiera, un lugar tranquilo y apacible que, en pocas horas, transformará ese sosiego en bullicio y algarabía, poco a poco irán reposando sobre su arena las más variopintas y dispares historias. Personas de diferente origen y condición que ansían llegar hasta su orilla y en ella refrescar su cansancio, sus preocupaciones o, simplemente evadirse por unas horas de aquello que les preocupa, salir del entorno rutinario y variar. 

Muchos son los que en ella broncean sus cuerpos, otros amortizan las horas de trabajo y sacrificio en el gimnasio para lucir su figura, muchos aprovechan esas pequeñas vacaciones que suponen los fines de semana, para estar junto a los suyos, pasar un día con los amigos, escuchar buena música, leer algún libro o, simplemente pasear por su orilla. 

Son muchas las historias que vemos ir y venir sobre el batir de sus aguas, personas que en su interior albergan riquezas incalculables, historias que, para cada una de ellas, serán las más importantes y que en cierta manera, dejan su huella dibujada. 

Pasear por la orilla del mar relaja y reconforta, quizás ese suave masaje que sentimos al rozarnos el agua, ese frescor que nos renueva y estimula, ese contraste entre el calor del sol y el frío de sus aguas, sentimientos encontrados que equilibran nuestras sensaciones y que nos proporcionan agrado y sosiego. 

Nos pasamos la mayor parte del tiempo buscando salidas, provocando situaciones que nos agraden y evadan, estimulando nuestra alegría y felicidad, huyendo de la realidad para volver a ella lo más tarde posible, quizás debamos hacer más confortable nuestra realidad, intentar disfrutar de cada momento y no postergar nuestra felicidad para otro instante, para momentos establecidos, vacaciones, fines de semana, etc., etc. 

Algunas veces nos paseamos por la vida sin pena ni gloria, caminamos sin rumbo, desanimados, desilusionados y esperando que lleguen esos momentos de evasión y de huída,  olvidando que no debemos reducir nuestra existencia, debemos por el contrario dilatar el tiempo y para ello, tenemos que disfrutar cada instante. 

Que los paseos por la orilla no se conviertan en excepción, que sean algo añadido a otros momentos de agrado, que nuestra vida sea como la deseemos, o al menos no dejemos de intentarlo, que no quede en el olvido el mayor tiempo de nuestra historia, que nuestro balance sea siempre rico y provechoso, que extendamos esos momentos de agrado a todas y cada una de las orillas de nuestros días, que al caer la tarde disfrutemos del paseo de esa jornada y nos sintamos bien y a gusto. No limitemos nuestra felicidad a unos pocos momentos, hagamos que ella forme parte de nuestra vida.


Momentos

Julio 23, 2007

MOMENTOS   la cena 

En ocasiones disfrutamos de momentos especiales, instantes en los que nuestras sensaciones nos agradan y complacen. 

Sin darnos cuenta vivimos sumergidos en rutinas, hábitos y costumbres que guían nuestra vida. Se convierte en necesario cambiar y quebrar estas costumbres, airear las páginas de nuestra historia y variar el rumbo. 

Debemos aprender a regalarnos este tipo de momentos, dejar que las caricias de la vida se entrelacen con nuestros sentimientos y dejarnos llevar por lo inmediato, disfrutar el instante y olvidarnos del tiempo, las prisas y los horarios. 

Hace muy poco pude disfrutar de una grata velada en torno a una mesa, deparar con personas que, desprendidas de cargos y obligaciones relajaron tensiones, evadieron sus mentes y disfrutaron de la compañía de aquellos con quienes decidieron compartir mesa y mantel. Junto al placer que supone el deleite de una cena excelente, pudimos comprobar, los que allí estuvimos que, todos tenemos riquezas desconocidas que compartidas con otros, enriquecen a quienes con atención las aprecian y valoran. 

 La vida nos depara muchos placeres de diverso índole y naturaleza y, uno de los más interesantes y gratificantes es el poder entablar conversación, intercambiar impresiones y compartir sincera y amigablemente nuestro tiempo.  

Estos momentos nos deben hacer reflexionar y meditar sobre la valía e importancia que tiene el hacer las cosas con la mejor voluntad, con nuestro mejor empeño y sobre todo, proyectar en lo que hagamos nuestros sentimientos y carácter, lo que convertirá el resultado en algo especial y único. 

Está en nuestras manos el administrar nuestro tiempo de la mejor forma, tiempo para trabajar, tiempo para preocuparnos, tiempo para reír, tiempo para divertirnos y, sobre todo, tiempo para nosotros, buscar momentos que nos reconforten y agraden, instantes que nos ayuden a seguir adelante y nos sirvan de impulso.


El Milagro de la vida

Julio 16, 2007

En algunas ocasiones debemos aprender de aquellos que pareciendo más débiles e indefensos, demuestran un coraje digno de admirar e imitar. Apenas del tamaño de un bolígrafo, Amillia nació con 22 semanas, medía 24 centímetros y pesó solamente 280 gramos. Con todos estos impedimentos para lograr sobrevivir, esta niña logró salir adelante, logro vencer el pulso que la propia vida le había retado, su fuerza, su lucha, su empuje y sus ganas de vivir la ayudaron a solventar todas las adversidades, a salvar sus propias barreras y salir, surgir y adentrarse en esta aventura que todos protagonizamos día a día. Casos como este nos demuestran que por muy difícil, por muy complicadas que nos parezcan las cosas, el querer salir adelante, el deseo de superar los problemas, la ilusión por seguir adelante, en la mayoría de las ocasiones, nos ayuda a añadir a nuestros recuerdos momentos que inicialmente parecían insalvables, insuperables y farragosos. Existe algo en nuestro interior, algo que no podemos ni tocar, ni ver, ni medir, algo que sólo podemos sentir y notar, algo mágico, que a cada uno de nosotros nos empuja, nos motiva, no da ánimo y alegría y que convive con nosotros en este camino en el que debemos pasear nuestra historia. Esta fuerza especial y extraña se alimenta y necesita de nuestro sosiego, de nuestra calma, de nuestra tranquilidad, cuestiones todas ellas que dependen de nuestro equilibrio, de nuestra serenidad y de nuestra capacidad para no crisparnos.  Amillia nació sin saber ni tener prejuicios, condicionantes ni experiencias que le sirvieran de referencia, simplemente se dejó llevar por aquello que salía desde su interior, algo que la empujó, que la guió y la salvó, algo que no deberíamos descuidar ni  olvidar, algo que nos guía y protege y a la que llamamos ALMA.


El Sosiego de la noche

Julio 14, 2007

Cae la tarde, las primeras caricias del ocaso van acallando lentamente murmullos, prisas, preocupaciones, rutinas, crispaciones y lamentos, sutil y calladamente se abre paso la noche, esa franja de nuestra vida en la que normalmente dedicamos su tiempo al descanso, a reponernos de tantas emociones y percepciones que, durante el día, vamos agolpando en nuestras retinas, en nuestras espaldas, lastres que muchas veces nos fatigan y desgastan, factores que determinan nuestro ánimo y engría, nuestra forma de terminar cada jornada. Vivimos actualmente pendientes del reloj, de la medida que nos acota y delimita nuestra existencia, somos presas de nuestra propias prisas, de nuestros “agobios”, de preocupaciones que muchas veces inventamos y creemos como reales, somos los verdugos de nuestra propia existencia. No sabemos disponer de la calma y tranquilidad que debiéramos tomar como bandera, no apreciamos muchas de las maravillas que diariamente nos ofrece la vida, no sabemos ver, solo miramos, no somos capaces de ser, sólo nos preocupa el deber ser, el querer ser, el llegar a ser, nos adentramos en proyectos e ilusiones de futuro, deseamos que pasen las semanas para poder disfrutar sólo de dos de cada siete días, de ocho de cada treinta, de noventa y seis de cada trescientos sesenta y cinco y, así, podríamos establecer una divergencia de tal calibre que nos daríamos cuenta de que, somos nosotros los únicos que podemos y debemos cambiar, debemos sacarle partido a cada vida en miniatura que disfrutamos cada amanecer, a ser uno mismo y no dejarlo para otro día, a no dejarnos enredar por la rutina y la monotonía. Todo esto a lo que nos vemos sometidos, todos estos factores se diluyen al llegar la noche, el tiempo tiene otra medida, los minutos se dilatan, el reloj sosiega su ritmo y nos brinda momentos de reflexión y de paz.  La noche nos permite sentir sensaciones que afloran, sentimientos que emanan, todos ellos liberados, huidos de la vorágine y la “locura” a los que los sometemos durante el día. La noche nos deja ver, nos permite observar tranquila y sosegadamente todo aquello que queramos y deseemos. La magia de la noche nos envuelve y embriaga, nos atrapa y seduce como cantos de sirena, la noche tiene una fuerza sensual y dulce que nos reconforta y tranquiliza. La oscuridad y soledad de la noche nos regala momentos de intimidad, momentos para nosotros, instantes profundos y dulces que dejaríamos escapar en nuestros merecidos sueños y descansos, la noche tiene algo inexplicable que se percibe y disfruta, nos hace sentirnos tal y como somos, sin distracciones, sin factores que desvirtúen la realidad, nos hace ver las cosas tal y como son, nos permite analizar y deducir, pensar y darnos cuenta de muchas cuestiones de las que normalmente no nos preocupamos por falta, muchas veces, de encontrar el momento de tranquilidad preciso para ello. Disfrutar de la tranquilidad de la noche es una terapia aconsejable, encontrar un momento para nosotros, cultivar nuestras ideas y afianzar nuestros principios es tan necesario como inhabitual. La magia de encontrar la tranquilidad que la noche nos depara, sin tener que buscar rincón especial ni salir de huida hacia otros lugares, la noche nos regala esa magia al caer el sol, cada jornada, siempre que queramos disponer de ella, fuente inagotable, remanso perenne, cobijo confortable en el que poder acomodar mullidamente nuestras ilusiones, nuestros sueños, nuestras esperanzas, impulsora de ideas, de pensamiento, inspiradora de artistas, amiga de tantos y tantos que inmersos en desvelos estrechan su mano y caminan junto a ella, la noche es una amiga olvidada, un tesoro enterrado en nuestras vidas, un diamante por pulir, fuente de riqueza y misterio, enigmática y gentil, aspectos todos ellos que podemos percibir si aprendemos a verla como tal, si la miramos desde el prisma correcto, si le tendemos la mano, si le brindamos nuestra mejor mirada. La noche tiene ese encanto tan especial y único, pero lo más grande de la noche es que nos brinda, en su hasta luego, una oportunidad maravillosa y única, el poder hacer lo que queramos de nuestras vidas cada mañana, cada relevo que el amanecer toma de ella, coger su testigo y ser merecedores de este regalo, de esta oportunidad que se nos brinda cada mañana y que llamamos vida. 

Tenemos que ser capaces de orillar problemas, amortiguar preocupaciones y calibrar la realidad, no podemos permitir eclipsar nuestra historia con capítulos de torcidos renglones, de borrones que nos afeen el dictado de nuestro corazón, seamos valientes y capaces, tengamos coraje de ser auténticos y defender aquello en lo que creemos, luchar por conseguir ser felices cada día, sentirnos satisfechos y orgullosos de haber dado siempre lo mejor, de que el balance sea siempre positivo y sabernos dueños de nuestro propio destino.