El Sosiego de la noche

Cae la tarde, las primeras caricias del ocaso van acallando lentamente murmullos, prisas, preocupaciones, rutinas, crispaciones y lamentos, sutil y calladamente se abre paso la noche, esa franja de nuestra vida en la que normalmente dedicamos su tiempo al descanso, a reponernos de tantas emociones y percepciones que, durante el día, vamos agolpando en nuestras retinas, en nuestras espaldas, lastres que muchas veces nos fatigan y desgastan, factores que determinan nuestro ánimo y engría, nuestra forma de terminar cada jornada. Vivimos actualmente pendientes del reloj, de la medida que nos acota y delimita nuestra existencia, somos presas de nuestra propias prisas, de nuestros “agobios”, de preocupaciones que muchas veces inventamos y creemos como reales, somos los verdugos de nuestra propia existencia. No sabemos disponer de la calma y tranquilidad que debiéramos tomar como bandera, no apreciamos muchas de las maravillas que diariamente nos ofrece la vida, no sabemos ver, solo miramos, no somos capaces de ser, sólo nos preocupa el deber ser, el querer ser, el llegar a ser, nos adentramos en proyectos e ilusiones de futuro, deseamos que pasen las semanas para poder disfrutar sólo de dos de cada siete días, de ocho de cada treinta, de noventa y seis de cada trescientos sesenta y cinco y, así, podríamos establecer una divergencia de tal calibre que nos daríamos cuenta de que, somos nosotros los únicos que podemos y debemos cambiar, debemos sacarle partido a cada vida en miniatura que disfrutamos cada amanecer, a ser uno mismo y no dejarlo para otro día, a no dejarnos enredar por la rutina y la monotonía. Todo esto a lo que nos vemos sometidos, todos estos factores se diluyen al llegar la noche, el tiempo tiene otra medida, los minutos se dilatan, el reloj sosiega su ritmo y nos brinda momentos de reflexión y de paz.  La noche nos permite sentir sensaciones que afloran, sentimientos que emanan, todos ellos liberados, huidos de la vorágine y la “locura” a los que los sometemos durante el día. La noche nos deja ver, nos permite observar tranquila y sosegadamente todo aquello que queramos y deseemos. La magia de la noche nos envuelve y embriaga, nos atrapa y seduce como cantos de sirena, la noche tiene una fuerza sensual y dulce que nos reconforta y tranquiliza. La oscuridad y soledad de la noche nos regala momentos de intimidad, momentos para nosotros, instantes profundos y dulces que dejaríamos escapar en nuestros merecidos sueños y descansos, la noche tiene algo inexplicable que se percibe y disfruta, nos hace sentirnos tal y como somos, sin distracciones, sin factores que desvirtúen la realidad, nos hace ver las cosas tal y como son, nos permite analizar y deducir, pensar y darnos cuenta de muchas cuestiones de las que normalmente no nos preocupamos por falta, muchas veces, de encontrar el momento de tranquilidad preciso para ello. Disfrutar de la tranquilidad de la noche es una terapia aconsejable, encontrar un momento para nosotros, cultivar nuestras ideas y afianzar nuestros principios es tan necesario como inhabitual. La magia de encontrar la tranquilidad que la noche nos depara, sin tener que buscar rincón especial ni salir de huida hacia otros lugares, la noche nos regala esa magia al caer el sol, cada jornada, siempre que queramos disponer de ella, fuente inagotable, remanso perenne, cobijo confortable en el que poder acomodar mullidamente nuestras ilusiones, nuestros sueños, nuestras esperanzas, impulsora de ideas, de pensamiento, inspiradora de artistas, amiga de tantos y tantos que inmersos en desvelos estrechan su mano y caminan junto a ella, la noche es una amiga olvidada, un tesoro enterrado en nuestras vidas, un diamante por pulir, fuente de riqueza y misterio, enigmática y gentil, aspectos todos ellos que podemos percibir si aprendemos a verla como tal, si la miramos desde el prisma correcto, si le tendemos la mano, si le brindamos nuestra mejor mirada. La noche tiene ese encanto tan especial y único, pero lo más grande de la noche es que nos brinda, en su hasta luego, una oportunidad maravillosa y única, el poder hacer lo que queramos de nuestras vidas cada mañana, cada relevo que el amanecer toma de ella, coger su testigo y ser merecedores de este regalo, de esta oportunidad que se nos brinda cada mañana y que llamamos vida. 

Tenemos que ser capaces de orillar problemas, amortiguar preocupaciones y calibrar la realidad, no podemos permitir eclipsar nuestra historia con capítulos de torcidos renglones, de borrones que nos afeen el dictado de nuestro corazón, seamos valientes y capaces, tengamos coraje de ser auténticos y defender aquello en lo que creemos, luchar por conseguir ser felices cada día, sentirnos satisfechos y orgullosos de haber dado siempre lo mejor, de que el balance sea siempre positivo y sabernos dueños de nuestro propio destino.

Anuncios

Un comentario en “El Sosiego de la noche

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s