Paseos

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PASEOS

El sol asoma sus primeros rallos sobre la orilla de una playa cualquiera, un lugar tranquilo y apacible que, en pocas horas, transformará ese sosiego en bullicio y algarabía, poco a poco irán reposando sobre su arena las más variopintas y dispares historias. Personas de diferente origen y condición que ansían llegar hasta su orilla y en ella refrescar su cansancio, sus preocupaciones o, simplemente evadirse por unas horas de aquello que les preocupa, salir del entorno rutinario y variar. 

Muchos son los que en ella broncean sus cuerpos, otros amortizan las horas de trabajo y sacrificio en el gimnasio para lucir su figura, muchos aprovechan esas pequeñas vacaciones que suponen los fines de semana, para estar junto a los suyos, pasar un día con los amigos, escuchar buena música, leer algún libro o, simplemente pasear por su orilla. 

Son muchas las historias que vemos ir y venir sobre el batir de sus aguas, personas que en su interior albergan riquezas incalculables, historias que, para cada una de ellas, serán las más importantes y que en cierta manera, dejan su huella dibujada. 

Pasear por la orilla del mar relaja y reconforta, quizás ese suave masaje que sentimos al rozarnos el agua, ese frescor que nos renueva y estimula, ese contraste entre el calor del sol y el frío de sus aguas, sentimientos encontrados que equilibran nuestras sensaciones y que nos proporcionan agrado y sosiego. 

Nos pasamos la mayor parte del tiempo buscando salidas, provocando situaciones que nos agraden y evadan, estimulando nuestra alegría y felicidad, huyendo de la realidad para volver a ella lo más tarde posible, quizás debamos hacer más confortable nuestra realidad, intentar disfrutar de cada momento y no postergar nuestra felicidad para otro instante, para momentos establecidos, vacaciones, fines de semana, etc., etc. 

Algunas veces nos paseamos por la vida sin pena ni gloria, caminamos sin rumbo, desanimados, desilusionados y esperando que lleguen esos momentos de evasión y de huída,  olvidando que no debemos reducir nuestra existencia, debemos por el contrario dilatar el tiempo y para ello, tenemos que disfrutar cada instante. 

Que los paseos por la orilla no se conviertan en excepción, que sean algo añadido a otros momentos de agrado, que nuestra vida sea como la deseemos, o al menos no dejemos de intentarlo, que no quede en el olvido el mayor tiempo de nuestra historia, que nuestro balance sea siempre rico y provechoso, que extendamos esos momentos de agrado a todas y cada una de las orillas de nuestros días, que al caer la tarde disfrutemos del paseo de esa jornada y nos sintamos bien y a gusto. No limitemos nuestra felicidad a unos pocos momentos, hagamos que ella forme parte de nuestra vida.

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