Entusiasmo

 

Existen ocasiones en las que una idea, una inquietud, una necesidad o una ilusión aúna y entrelaza historias que, hasta ese momento, eran divergentes y dispares. Surge entonces un entusiasmo que despliega su misteriosa magia y envuelve sentimientos, opiniones y pensamientos bajo su manto, el ambiente se torna confortable y distendido y, sin apenas darnos cuenta, percibimos un bienestar que nos agrada y reconforta, surge la magia que emana de nuestros corazones, compartimos nuestros mejores gestos, nuestras mejores voluntades de forma afable y sincera, nos despojamos de tapujos y nos dejamos llevar.

 

Quizás el ser humano no sea tan complicado como pensamos, simplemente nos dejamos enredar entre nuestros propios obstáculos, barreras que creamos ante nosotros y que nos distancian y aíslan, parapetos que nos distancian de la verdad, de lo sencillo y fácil, de la belleza de lo simple y auténtico.

 

La vida es un camino diáfano que, por circunstancias de diversa índole, se hace sinuoso y difícil, pero al que nosotros mismos nos empeñamos en añadir dificultades imaginarias, altibajos fabricados con nuestra propia imaginación que nos fatigan y ciegan.

 

Deberíamos aprender de quienes son la razón de nuestro existir, de nuestros hijos, seres inteligentes y que, despojados de prejuicios y de ideas preconcebidas, nos enseñan cada día a ser más nobles, más simples y, lo más importante, a ser sinceros y auténticos, a dejarnos llevar por los impulsos de nuestro corazón y disfrutar de cada minuto con plenitud y alegría.

 

La magia de la vida es que podemos elegir la manera de disfrutarla, de sacarle el máximo partido y saborear sus mieles poniendo en ello todos nuestros sentidos, nuestro mayor entusiasmo y buen humor, es lo menos que se merece.

 

Cuando vivimos momentos especiales, ratos entrañables, situaciones confortables, notamos las caricias de la vida en nuestro ánimo, en nuestros pensamientos, sentimos sensaciones que deberíamos cultivar y que nos hacen reflexionar, nos recuerdan que ese debería ser el camino a seguir, el rumbo correcto que nos ayudaría a evitar entrar en laberintos y caminos sinuosos que nos desvirtúan la realidad.

 

Seguramente la naturaleza humana sea la más complicada a causa de nuestras propias barreras, de nuestro afán por “dar rodeos” y no ir de frente, acomodando a nuestra propia conveniencia todo aquello que ponemos ante nuestros ojos, mirando sin ver, oyendo sin escuchar, tocando sin sentir. Dejémonos llevar por nuestros latidos, por nuestras intuiciones y seamos auténticos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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