Futuro

Existen momentos en nuestra vida en los que nos encontramos frente a frente con nuestro destino, instantes en los que tenemos en nuestras manos la posibilidad de dar un golpe de timón y poner rumbo al norte que siempre hemos ansiado. Son estos momentos los que marcan nuestra historia, los que crean la frontera entre el antes y el después, los que nos hacen respirar profundamente y disfrutar de su brisa fresca y renovada.

 

En estos pasajes de nuestra vida nos encontramos con nuestro verdadero yo, con aquel que llevamos dentro y que nos mueve cada día. La soledad de estos instantes nos permite vernos tal y como somos, nos lleva a la reflexión y a pisar con firmeza en nuestro camino.

 

Estos momentos, estas vivencias nos hacen percibir sentimientos encontrados, por un lado la ilusión que nos embarga al emprender una nueva e intensa aventura, un motivo de alegría que nos envuelve y nos anima a seguir con fuerza y vitalidad labrando un camino imprevisible, fundiendo con el calor de nuestro corazón, dudas e incertidumbres que intentarán frenar la inercia de aquel impulso que nos animó a seguir nuestro palpito inicial. Por otro lado, los temores que nos afloran al pensar en un posible fracaso, el miedo al equívoco, el creer que perderemos nuestra firmeza y con ello hacer tambalear todo aquello hasta ahora hemos conseguido, ideas tormentosas que alborotan nuestra serenidad.

 

Nadie dijo nunca que vivir de forma coherente fuera sencillo, que apostarlo todo siempre que emprendamos alguna aventura sea gratuito, ni que no fueran estas contradicciones las que nos denotaran la importancia de estas decisiones. Tal vez, lo más sencillo, sea mantenerse siempre al margen, evitar problemas y dejarse llevar por el capricho de la inercia.

 

Vivir requiere coraje, valentía, riesgo y sobre todo firmeza en aquello en lo que creamos firmemente, defendiendo con nuestro esfuerzo todo aquello que nos sustenta y mantiene despierto, aquello que nos mueve y motiva, aquello que no podemos ver ni tocar, nuestra alma, una fuerza invisible que desde nuestro interior nos reconforta y alivia cuando sintonizamos voluntad, sentimiento y razón.

 

Tal vez lo más atrayente de esta vida sea el desconocimiento de nuestro propio destino, el tener en nuestras propias manos la facilidad de ir creando capítulos de nuestra historia, renglones que comenzamos cada amanecer y cuyo cariz dependerá del equilibrio, firmeza, claridad y ternura con las que decidamos plasmarlos.

 

El futuro, como alguien dijo alguna vez, un lugar donde pasaremos el resto de nuestra vida, se convierte en nuestro mejor aliado, en nuestro compañero infatigable y en nuestra mejor oportunidad.

 

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