Con las cartas boca arriba

 

Queramos o no, al ver los primeros rayos de luz, al sentir el primer aliento del aire que nos saluda y nos ofrece su bienvenida, entramos a formar parte de una gran partida, un juego en el que el azar juega un importante papel, pero en el que debemos marcar nuestro propio estilo de juego.

 

En el seno de nuestras familias vamos apreciando como quienes decidieron darnos la vida, manejan la baraja de la forma más adecuada, mezclan los palos que la conforman y reparten juego.

 

Nos vamos dando cuenta de cual deberá ser nuestro propio estilo, aquel que pudimos ver día a día, aquel que la propia vida, por diversos factores, nos mostró como conveniente, o simplemente intentamos adoptar aquel que nos beneficie en cada momento.

 

Guardarse un as en la manga, jugar con las cartas marcadas o, simplemente jugar con las cartas boca arriba, serán algunas de las alternativas con las que podremos participar en esta gran partida.

 

Quienes deciden jugar de forma ilícita, aquellos que conforman su suerte al triunfo rápido y fácil, aquellos que prefieren ganar alguna mano utilizando estrategias sombrías y lúgubres, crean un estilo cuyo beneficio les reporta, a corto plazo, un atractivo que les engancha y atrapa, unas artes cuya permeabilidad les aísla y señala.

 

Jugar de forma limpia y honesta supone luchar contra estas argucias y  maniobras, poner las cartas boca arriba supone descubrir tu juego, darte a conocer y enseñar tus triunfos.

 

Existen también quienes sin saber jugar, resignan su suerte al azar, al destino, a un golpe de suerte que les proporcionará una gloria esporádica, un triunfo fugaz y fortuito.

 

Jugar esta larga y prolongada partida requiere perseverancia, constancia y honestidad, factores arrolladores que perviven a toda adversidad o contratiempo con los que podamos encontrarnos.

La satisfacción de jugar con las cartas boca arriba no tiene parangón con triunfo alguno, la suerte, el azar, las trampas, inclinarán finalmente su tez ante la evidencia contrastada de la verdad, la honestidad y la fuerza de quienes decidan jugar limpio.

 

Nuestra mejor baza en cualquier partida será dar a conocer nuestro estilo de juego. Aquellos que decidan repartir su baraja, sabrán de ante mano, con quién comparten mesa de juego, a quiénes entregan sus cartas y el provecho que de cada mano podrán obtener. Jugar a ganador exige una firmeza y confianza que, difícilmente, podrá obtener quien base su juego en la trampa y el engaño.

 

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