Tinieblas

tiniebla

En cualquier ámbito de la vida nos encontraremos con personas a las que les gusta moverse en la claridad, a la luz del sol, personas que no tienen nada que esconder, seres humanos cuyas intenciones limpias y diáfanas asombran a quienes, no acostumbrados a esta forma de actuar, a este estilo de vida, se ven deslumbradas y encandiladas por esta luminosa claridad.

 

Por el contrario, existe otro tipo de personas a las que les gusta moverse entre tinieblas, seres huidizos de esa claridad, de la luz que les pueda delatar y evidenciar unas prácticas poco éticas. Seres que buscan la manera de dirigir la realidad a su propia conveniencia, personajes cuyo principal argumento es la mentira y el descrédito, la manipulación y el engaño.

 

Dos formas de vivir, dos maneras completamente opuestas de actuar y de entender la vida, caminos divergentes cuyas trayectorias se alejan y distancian.

 

Cada uno de nosotros decidimos el camino por el que deseamos avanzar, el rumbo que queremos marcar en nuestra brújula y dirigir nuestra proa.

 

Elegir la luz, con su alegría, con su calor y sobre todo con la satisfacción que supone el ser honesto y sincero, nos aportará un bienestar al que muchas veces llegaremos tras mucho trabajo y sacrificio, un umbral cuya cima nos proporcionará unas vistas panorámicas y nos ayudará a fijarnos nuevos horizontes.

 

A la sombra de este umbral, entre las tinieblas de quien decide caminar por laberintos lúgubres y farragosos, existen seres cuyos propósitos se ven condicionados por intereses disfrazados de mentira y embuste, caminos arduos y cansinos que no conducen a ninguna salida, espirales que confunden y enredan a quienes, libre y conscientemente, deciden emprender camino por estos barrizales.

 

Cuando por casualidad estos caminos se cruzan, se evidencian sus virtudes y sus carencias, se acentúan los beneficios de unos y los perjuicios de otros, pues la luz tiene la misión de alumbrar y mostrar, de aclarar y evidenciar la realidad, y su intensidad acentuará el contraste evidente entre las dos caras de la realidad, la verdad y la mentira, la luz y la sombra, la alegría y la tristeza, la razón y la sinrazón.

 

La conciencia se convierte en nuestro mejor aliado o nuestro peor enemigo, pues antes o después, la balanza inclina su equilibrio hacia el lado más contundente y pesado y, su propia inercia, alza la evidencia de quienes decidieron vivir entre tinieblas.

Con las cartas boca arriba

 

Queramos o no, al ver los primeros rayos de luz, al sentir el primer aliento del aire que nos saluda y nos ofrece su bienvenida, entramos a formar parte de una gran partida, un juego en el que el azar juega un importante papel, pero en el que debemos marcar nuestro propio estilo de juego.

 

En el seno de nuestras familias vamos apreciando como quienes decidieron darnos la vida, manejan la baraja de la forma más adecuada, mezclan los palos que la conforman y reparten juego.

 

Nos vamos dando cuenta de cual deberá ser nuestro propio estilo, aquel que pudimos ver día a día, aquel que la propia vida, por diversos factores, nos mostró como conveniente, o simplemente intentamos adoptar aquel que nos beneficie en cada momento.

 

Guardarse un as en la manga, jugar con las cartas marcadas o, simplemente jugar con las cartas boca arriba, serán algunas de las alternativas con las que podremos participar en esta gran partida.

 

Quienes deciden jugar de forma ilícita, aquellos que conforman su suerte al triunfo rápido y fácil, aquellos que prefieren ganar alguna mano utilizando estrategias sombrías y lúgubres, crean un estilo cuyo beneficio les reporta, a corto plazo, un atractivo que les engancha y atrapa, unas artes cuya permeabilidad les aísla y señala.

 

Jugar de forma limpia y honesta supone luchar contra estas argucias y  maniobras, poner las cartas boca arriba supone descubrir tu juego, darte a conocer y enseñar tus triunfos.

 

Existen también quienes sin saber jugar, resignan su suerte al azar, al destino, a un golpe de suerte que les proporcionará una gloria esporádica, un triunfo fugaz y fortuito.

 

Jugar esta larga y prolongada partida requiere perseverancia, constancia y honestidad, factores arrolladores que perviven a toda adversidad o contratiempo con los que podamos encontrarnos.

La satisfacción de jugar con las cartas boca arriba no tiene parangón con triunfo alguno, la suerte, el azar, las trampas, inclinarán finalmente su tez ante la evidencia contrastada de la verdad, la honestidad y la fuerza de quienes decidan jugar limpio.

 

Nuestra mejor baza en cualquier partida será dar a conocer nuestro estilo de juego. Aquellos que decidan repartir su baraja, sabrán de ante mano, con quién comparten mesa de juego, a quiénes entregan sus cartas y el provecho que de cada mano podrán obtener. Jugar a ganador exige una firmeza y confianza que, difícilmente, podrá obtener quien base su juego en la trampa y el engaño.

 

Futuro

Existen momentos en nuestra vida en los que nos encontramos frente a frente con nuestro destino, instantes en los que tenemos en nuestras manos la posibilidad de dar un golpe de timón y poner rumbo al norte que siempre hemos ansiado. Son estos momentos los que marcan nuestra historia, los que crean la frontera entre el antes y el después, los que nos hacen respirar profundamente y disfrutar de su brisa fresca y renovada.

 

En estos pasajes de nuestra vida nos encontramos con nuestro verdadero yo, con aquel que llevamos dentro y que nos mueve cada día. La soledad de estos instantes nos permite vernos tal y como somos, nos lleva a la reflexión y a pisar con firmeza en nuestro camino.

 

Estos momentos, estas vivencias nos hacen percibir sentimientos encontrados, por un lado la ilusión que nos embarga al emprender una nueva e intensa aventura, un motivo de alegría que nos envuelve y nos anima a seguir con fuerza y vitalidad labrando un camino imprevisible, fundiendo con el calor de nuestro corazón, dudas e incertidumbres que intentarán frenar la inercia de aquel impulso que nos animó a seguir nuestro palpito inicial. Por otro lado, los temores que nos afloran al pensar en un posible fracaso, el miedo al equívoco, el creer que perderemos nuestra firmeza y con ello hacer tambalear todo aquello hasta ahora hemos conseguido, ideas tormentosas que alborotan nuestra serenidad.

 

Nadie dijo nunca que vivir de forma coherente fuera sencillo, que apostarlo todo siempre que emprendamos alguna aventura sea gratuito, ni que no fueran estas contradicciones las que nos denotaran la importancia de estas decisiones. Tal vez, lo más sencillo, sea mantenerse siempre al margen, evitar problemas y dejarse llevar por el capricho de la inercia.

 

Vivir requiere coraje, valentía, riesgo y sobre todo firmeza en aquello en lo que creamos firmemente, defendiendo con nuestro esfuerzo todo aquello que nos sustenta y mantiene despierto, aquello que nos mueve y motiva, aquello que no podemos ver ni tocar, nuestra alma, una fuerza invisible que desde nuestro interior nos reconforta y alivia cuando sintonizamos voluntad, sentimiento y razón.

 

Tal vez lo más atrayente de esta vida sea el desconocimiento de nuestro propio destino, el tener en nuestras propias manos la facilidad de ir creando capítulos de nuestra historia, renglones que comenzamos cada amanecer y cuyo cariz dependerá del equilibrio, firmeza, claridad y ternura con las que decidamos plasmarlos.

 

El futuro, como alguien dijo alguna vez, un lugar donde pasaremos el resto de nuestra vida, se convierte en nuestro mejor aliado, en nuestro compañero infatigable y en nuestra mejor oportunidad.

 

Lágrimas de vino

 

 

 La vida al igual que un buen vino, requiere de un cuidado y de un mimo muy especial, dos factores muy importantes y fundamentales para obtener un buen resultado.

 

Servimos en una copa imaginaria el vino de nuestra vida, mecemos con dulzura su contenido y apreciamos como, con suavidad la copa nos regala un guiño de alegría, por sus paredes descienden lentamente lágrimas de un vino cuyo cuerpo y consistencia nos agrada y reconforta.

 

Al percibir su aroma rememoramos momentos de nuestra historia, instantes inolvidables que le dieron carácter y consistencia a nuestro caldo.

 

Estos pasos previos, servir con dulzura, mecer suavemente, percibir su aroma, dan paso a un instante único y grandioso, saborear la esencia de todo aquello que ha hecho posible la caricia que, en nuestro paladar, nos transmite sensaciones que nos trasladan a otra dimensión, a un mundo de insinuación que nos relaja y agrada.

 

La magia del vino, la magia de la vida, radica en la pasión, el entusiasmo, la ilusión y la alegría con la que hayamos fermentado nuestros sueños, pues son estos últimos los que nos hacen progresar, avanzar y  mejorar.

 

Al brindar nuestra copa con otras semejantes, se genera un sonido muy especial que enriquece este momento, un sonido que culmina con el sentir del propio brindis, compartir sinceramente un buen rato, instantes que guardamos en nuestra memoria bajo el corcho de la amistad.

 

La historia que encierre cada una de nuestras botellas hará especial su contenido, dulces, amargos, vigorosos, suaves, sensuales o agrios, tornaran nuestro sentir en agradables expresiones o en inesperados regaños que reflejarán su evidencia en aquellas lágrimas de vino.

Respiro

 

Nos pasamos un año completo soñando con darnos un respiro, con disfrutar de nuestro paréntesis favorito, con adentrarnos en el tiempo de respirar, de saborear cada bocanada de aire relajado y distendido que nos proporciona nuestras vacaciones.

 

La mayoría de nosotros cometemos el error de estrangular nuestra vida, oprimimos el tiempo con nuestras prisas, con nuestro afán de correr para que el reloj parezca más amplio, para que todo aquello que debemos hacer pase a formar parte del balance de lo ya realizado y, de esta forma, dejar hueco para crear nuevas tareas. Esta presión, este ahogo que supone en nuestras vidas el estrés desaparece al iniciar nuestras vacaciones.

 

Nos tomamos las cosas bajo otra mirada, relajamos el ritmo y observamos todo aquello que pasa por delante de nosotros y, en más de una ocasión, descubrimos todo aquello que, diariamente procuró nuestra atención sin ningún éxito.

 

Por qué no seremos capaces de dilatar este respiro y extenderlo al resto del año, mirar la vida que pasa rápidamente ante nuestros ojos y frenar nuestro ritmo, somos presas de nuestras propias trampas, aceleramos nuestro tiempo y desencadenamos más prisas, más velocidad. Nos subimos a una “moto” veloz y trepidante de la cual, sólo nosotros podremos bajarnos, frenar en seco, arrancar con suavidad y utilizar una marcha placentera y tranquila, realizar todo aquello que debamos procurando establecer la importancia que merece a cada cosa, a cada acción que emprendamos, respirando, viendo y disfrutando de la maravilla que cada uno de nosotros desperdiciamos cada día, desaprovechando esa vida en miniatura que supone cada jornada.

 

Tal vez el éxito de las vacaciones radica en que suponen un contraste radical a nuestra forma de vivir, a nuestro ritmo habitual, a todo aquello que hemos añadido a nuestro camino obstaculizando la panorámica de nuestra propia vida. Quizá lo importante no sea tanto el hacer cosas como el disfrutar de cada paso que debemos dar para poderlas llevar a cabo.

 

Ponemos en entre dicho la supuesta inteligencia de la que estamos provistos, evidenciamos nuestras carencias al actuar contra natura, yendo contra nuestros propios beneficios, aquellos que nos aportan felicidad y tranquilidad, aquellos beneficios que no podemos tocar, aquellos que solamente podremos sentir y, que finalmente, serán los únicos que nos aporten el agrado y la tranquilidad que, entre nuestros recuerdos, arroparemos en la memoria de nuestra historia.

 

Las vivencias, los momentos inolvidables, los ratos agradables, los instantes naturales y sinceros serán nuestro mejor tesoro, nuestro mejor antídoto contra prisas y preocupaciones, contra las corrientes que creamos y contra las cuales debemos remar con todas nuestras fuerzas.

 

Cultivar nuestro interior, enriquecernos y vivir con plenitud deberían ser objetivos primordiales, pilares en los que apoyarnos y fijar nuestras pisadas.

 

Tenemos en nuestras manos el convertir cada día en un pequeño respiro, en unas mini vacaciones y ver de otra manera todo aquello que nos rodea, empaparnos de la grandeza de la vida y volver las cartas boca arriba, sin trampas ni argucias, disfrutando de cada instante de forma plena.

 

Existen infinidad de maravillas cotidianas que se nos escapan a nuestra mirada torpe y tosca, simplemente debemos cambiar de ritmo, aminorar la marcha y descubrir todo aquello que nos aguarda. Cambiar la actitud, cambiar de lente y despejar nuestra mente, limpiar la mirada y tener la sincera voluntad de ser honestos y justos con nosotros mismos y, de esta forma, poder compartir  nuestra mejor sonrisa con quiénes aún no hayan sido capaces de bajarse de la “moto” y disfrutar de este gran paseo.

¡Ahora si!!

 

 

Tanto en el deporte como en cualquier ámbito de la vida la actitud con la que afrontemos los problemas, la forma en la que decidamos solventar una situación complicada será, en gran medida, un revulsivo, un acicate o, por el contrario, un impedimento para encontrar una solución adecuada y satisfactoria.

 

Hacía muchos años que nuestra selección española de fútbol, nuestro equipo más seguido y aclamado por todos, no nos deleitaba con una mentalidad de campeón, con un convencimiento tan claro como el que nos están demostrando en esta euro copa 2008, una actitud de saberse capaces de grandes logros, un olvidar complejos y miedos pretéritos que nos atenazaban y derrumbaban cualquier ilusión, cualquier sueño de conquistar algún gran título.

 

Este campeonato de Europa de selecciones de fútbol está demostrando que lo importante es la actitud, la mentalidad y el coraje, olvidarse de la historia y tener la voluntad de crear nuevas historias, romper con los cánones y sorprender a quienes daban por sentado que esta vez “sería como siempre”.

 

Estamos disfrutando de un equipo cohesionado, una piña humana cuya unión contagia e ilusiona, cuyo optimismo arrolla cualquier contratiempo. Después de muchos años tenemos un equipo con mentalidad de campeón, un equipo con el convencimiento de que las grandes historias, las grandes gestas tiene su coste en sufrimiento, esfuerzo y trabajo, pero que por encima de todo, nuestra actitud nos ayudará a limar asperezas, a amortiguar cualquier golpe y nos impulsará hacia delante.

 

Estamos preparados para poder triunfar y ganar este campeonato, hemos demostrado nuestra valía y seriedad, hemos sabido combinar la pasión, el trabajo, la ilusión y nuestra furia con una sola finalidad, cambiar la historia y escribir con las gotas de nuestro sudor nuevas páginas, hacernos respetar y querer y, demostrarnos lo que somos y lo que valemos.

 

A todos a quienes formáis este gran equipo, a todos los que nos habéis vuelto a ilusionar a todo un país durante, al menos, estas fechas, muchísima suerte, muchísimas gracias por habernos regalado momentos inolvidables, por habernos contagiado de vuestra alegría y vuestra actitud y deciros que, el orgullo que sentimos los que estamos al otro lado del campo os lleve a lograr lo que os habéis merecido justamente.

 

¡A por ellos…..!

Ocres

En más ocasiones de las que quisiéramos reconocer hemos aplicado tonos ocres a nuestras acciones, a nuestros gestos, a nuestras miradas, hemos dejado pasar, sin pena ni gloria, el tiempo por delante de nosotros y hemos sido meros espectadores de nuestra propia vida, dejando al devenir de la realidad que fuera modelando el tiempo a su antojo y capricho.

 

Los tonos ocres, la gama de los grises, la ausencia de colorido, de altibajos, hace a quienes hacen cotidiana esta forma de actuar, entrar en una espiral de conformismo, de apatía y desánimo que los envuelve y atrapa, son presa de su propia realidad, una realidad que les abruma y asusta y en la que, sin saberlo,  hunden sus esperanzas e ilusiones.

 

Quizás el ocre, el gris se hacen necesarios para podernos dar cuenta de la importancia de la alegría del colorido, de la pasión, de la participación, del entusiasmo, del optimismo, del buen humor, de la ilusión, de tantas y tantas gamas de colores en las que podemos hundir nuestro pincel y cambiar el cariz de nuestro propio lienzo.

 

 

Es increíblemente grandioso que simplemente la actitud con la que afrontemos la realidad condiciona, para bien o para mal, todo aquello que nos ronda el pensamiento, todo lo que hacemos, como lo hacemos y las aportaciones que ello nos revierta.

 

 

  

El Ying y el Yang, el Sí y el No, la Alegría o la Tristeza, todo tiene su extremo opuesto y, dependiendo del cariz del que decidamos elegir favorecerá, o no, nuestro ánimo, nuestro talante, nuestra presencia, nuestra sintonía con la propia vida que será, a la postre, la que nos premie o castigue, de una forma u otra, el cariño, la dulzura y  la pasión con la que la hayamos estrechado en nuestro regazo.